Gracias Colombia, hasta pronto
A viajar
se aprende viajando y Colombia, vaya que has sido una gran maestra.
Dos meses
y medio recorriendo las curvas de tus carreteras, dejándonos seducir por los
paisajes y climas tan variados; desde la ruidosa, enorme y contrastante Bogotá,
subiendo por la vía de Bucaramanga para conocer tu lado extremo con San Gil y
sus deportes, sin olvidar la hermosura y peculiaridad de Barichara con su
camino colonial a Guane, para después pasar a tus calientes costas en donde la
belleza de tu Sierra Nevada de Santa Marta nos dejó disfrutar de sus paisajes y
un bonito proyecto como voluntarios.
Después
tus caminos nos llevaron a Cartagena, una preciosa y colonial ciudad amurallada
cuyo caluroso clima es sólo para los valientes.
Conocer
tu Medellín fue espectacular. No nos asusta tu turbia historia, en el aire se
siente una fabulosa transformación hacia la nueva Medellín, una ciudad que
busca dejar el pasado en donde pertenece y caminar con la frente en alto para
salir adelante.
Tus
curvas se tornaron aún más intensas desde ahí, así como más seductores se
volvieron tus rincones; los paisajes de tu colorido Guatapé con su
impactante monolito, tu pintoresco Salento y la belleza natural de tu eje
cafetero, los movimientos de tu gente al ritmo de Cali, tu impecable y blanca
Popayán, el majestuoso y frío Parque nacional del Puracé que nos acercó al
final de este sensual recorrido por tus tierras.
Nos
acercamos a tu salida por el mágico San Agustín y su misterioso pasado
arqueológico, pudimos apreciar las lágrimas que derramas por nuestra partida
(ok, not) en la cascada de Salto de Bordones para después consolarte con unos
días en Pasto y tener una increíble despedida en tu santuario de las Lajas,
Ipiales.
Se quedan
en nuestros corazones tus delicias gastronómicas, tu riquísimo pan y una
culposa adicción que desarrollamos en el trayecto, tu enorme bandeja Paisa
propia de de un guerrero troglodita, tus buñuelos, empanadas, dedos de queso,
papas rellenas, tintos y pericos que nos despertaron con la frescura de tus
cultivos cafeteros.
Tu gente
es sencillmente increíble, el calor de hogar se siente en su amable tono y
bello uso del español. Tuvimos la fortuna de vivir la calidad humana de tus
hijos en cada duda resuelta, cada plática casual, la ayuda desinteresada, los
aventones a dedo, las sonrisas pasajeras al caminar por tus calles y cada uno
de los colombianos que nos abrieron sus puertas en este recorrido.
Dos meses
y medio y no sólo aprendimos de ti, aprendimos mucho de nosotros, muchos
pudores se han ido, nuevas reflexiones han aparecido, la valentía ha tomado
otra forma y nuestra relación como pareja se ha moldeado con tus aventuras,
mismas que seguirán llegando y transformándonos a nuestro caminar por
Sudamérica.
Nos vamos
con la amenaza de que volveremos y la advertencia de que así como estos
viajeros que parten no son los mismos que llegaron hace más de dos meses,
probablemente no nos reconozcas a nuestra vuelta.
Colombia...
Gracias por todo, gracias totales!

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