Rápido y sin anestesia
Cuando era niña, dentro de la poca televisión que veía, me gustaba mucho ver "El autobús mágico", donde la señorita Rizos casi siempre mencionaba la famosa frase que todo niño noventero tiene en la cabeza: Nunca digas nunca. Bueno, pues dentro de todas las enseñanzas del funcionamiento del cuerpo humano y de la naturaleza, parece que esta caricatura en realidad la mayor lección me la ha dado con esas tres palabras. Hoy es mi cumpleaños número 26 (aplausos), y cada 12 de mayo trato de consentirme a mí misma con un regalo que en anteriores ocasiones ha tomado forma de un par de tenis, un urgido corte de cabello o una noche de cerveza y shisha en la azotea con mis mejores amigos; esta vez decidí que me merezco acabar con la más grande mentira de mi vida que me he repetido una y otra vez: "Yo jamás podré ser vegetariana".
Sí, la señorita Rizos lo dijo muy claro, nunca digas nunca. La gente que me conoce o ha compartido la mesa alguna vez conmigo sabe lo mucho que disfruto la comida, esa grasita que escurre de los dedos cuando comes con la mano y que chupas para no desperdiciar ni el más mínimo pedazo del platillo... uff! (Diría mi jefe). En la oficina me gané el premio navideño al mejor diente del año, en la preparatoria, mis amigos varones se sorprendían de que comía más tacos que ellos, y cuando nos conocimos, Allen me guardó en sus contactos de celular como "Karen La Que Come Todo El Día". Ese expediente deja más que claro lo que significa para mí el suculento ritual de la comida, incluyendo a todos los grupos alimenticios que implica ésta; sin embargo, el día de hoy me uno al mundo del veganismo y renuncio al reino animal en todas sus presentaciones. ¿Cómo es que una joven troglodita puede lograr esto? A continuación les dejo una guía para ser veganos en un solo paso:
1. Decisión.
Todo en la vida son decisiones, y en mi caso, éstas suelen ser de poca meditación; como me gusta decir, "rápido y sin anestesia". Cuando me hice mi primer tatuaje, lo decidí esa misma mañana, mientras que acepté irme a vivir sola a la lejana península yucateca por trabajo en menos tiempo de lo que dura mi canción favorita. Total, ¿Qué es lo peor que puede pasar? Con el veganismo ha sido más o menos igual, ya que de otra forma no iba a funcionar.
| Mi Pituca consentida me dio una gran lección |
El inicio de esta historia toma forma en CERELIAS, el voluntariado que tuvimos en la selva con animales; como ya lo dije en las reflexiones que surgieron de esta experiencia desde adentro de la jaula, mi percepción de los animales cambió totalmente. En esos días, mi concepción de lo que es la vida simplemente se revolucionó, y me cambió. Al volver de la selva, había algo dentro de mí que no estaba bien, algo que me tenía excesivamente pensativa, y ese algo tenía que ver con mi integridad. Para mí, ser íntegro implica ser congruente con lo que piensas, dices y haces; y ahí estaba yo, hablando del amor a la vida y de cuidar al planeta, mientras me comía alegremente un pollo rostizado en un parque en Lima, Perú.
Evitaré ponerme cursi y hablar de la vida y sentimientos de los animales, no porque sea menos importante, sino para tratar de explicar mejor lo que me motivó a cambiar mi forma de comer. Pensar en una industria que se dedica no sólo a criar, sino a sobreproducir millones de animales que cada año tienen como única opción vivir encerrados y alimentados con hormonas y suplementos para al final morir cuando ni si quiera han llegado a su etapa adulta, una industria que gasta y contamina montones de agua para la crianza de animales, una industria que es responsable de incontables gases invernadero con todos los desechos que se generan; pensar en todo eso me hizo sentir que estaba muy lejos de los valores y principios que he adoptado en 25 años. Así que entonces vino la decisión: no formaría más parte de esa industria, y a cuatro semanas de mi cumpleaños dejaría poco a poco de comer cualquier producto de origen animal, hasta llegar al día de hoy.
Ojo, no quiere decir que esté en contra de que uno vaya al río a pescar, o que no comprenda el concepto de la cadena alimenticia; la naturaleza nos obliga a comernos unos a otros para sobrevivir y mantener el equilibrio de población de las distintas especies, pero una cosa es dedicarle tiempo y esfuerzo a un puerco que tienes en tu casa y que al final será consumido por toda una familia, y otra es exprimir las ubres de una vaca tres veces al día, que además está cansada de estar parada en un espacio de 2 metros cuadrados todo el tiempo.
Estoy consciente de que por esto, no se termina la industria agrícola, pero como muchas otras acciones de mi día a día, ahora decido aportar mi granito de arena para tener un planeta más sano y de consumo más consciente. Jamás tiro basura en la calle, aunque eso no acabe con la contaminación mundial. Uso sólo el agua que necesito para bañarme rápido, aunque eso no termine con la escasez de agua potable en muchas partes del planeta. Reciclo siempre las bolsas que me dan en el súper, aunque eso no concluya con el uso excesivo de plásticos y desechables que tardan años en degradarse. Ahora transfiero a mi plato estos principios, que muy egoístamente corrompí durante mucho tiempo con un "pobres animalitos, pero es que saben delicioso"; evitaré dentro de mis posibilidades y condiciones consumir cualquier producto de origen animal, porque eso me da tranquilidad e integridad.
Así que, sí son deliciosos los animales, y sigo pensando en los tacos que tanto extraño, en lo rico que sabe un pan con mantequilla en la mañana, y en lo bueno que resulta el atún para cuando inicio alguna rutina de entrenamiento, pero lo bueno de ser tan tragona, es que hay un millón de opciones que me encantan y que Pachamama nos da para saciar nuestro apetito; seguramente aprenderé muchas recetas, y he roto en mi cabeza esa idea de que una comida sin carne "no llena", así que una vez más, estoy aprendiendo. Mientras no sepa cómo criar a mi propio pollo, cerdo, vaca, pez o lo que sea, no los voy a consumir a menos de que sea estrictamente necesario. La tripa se me sigue alborotando mucho cuando por la calle huele a carne asada y cuando veo en FB esos videos de recetas deliciosas que implican montones de queso fundido, pero ya disfruté de esos manjares durante 26 años, y seguro nunca se me va a quitar esa sensación de antojo, pero a fin de cuentas, es sólo eso, un antojo, el cual puedo sacrificar para tener en paz mi mente y mi corazón.
Feliz cumpleaños a mí :)

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