¡Vamos, no seas nena!
Los que han compartido tiempo y charlas conmigo, sabrán que no soy una persona que le dé mucha importancia a las fechas. Rara vez organizo algo especial en mi cumpleaños, mi último Año Nuevo lo pasé con mucho gusto en mi cama, sola, viendo una película, y la última vez que Allen y yo quisimos saber cuánto llevamos juntos… bueno, todavía no tenemos mucha certeza. En mi cabeza cada día es diferente, y me resulta poco atractivo darle especial importancia a un día del año. Sin embargo, aquí estoy, escribiendo con el motivo del Día Internacional de la Mujer.
La
verdad es que fue una coincidencia de varios eventos los que me motivaron a
escribir esto, y aprovechando que este 8 de marzo la sensibilidad hacia el tema
de la equidad de género incrementa, mis palabras escritas vuelven a darle forma
a la revolución de ideas en mi cabeza.
Mi
reflexión comienza 6 semanas atrás, cuando retomo la escalada como deporte, y
en un día de entrenamiento duro me obligo a seguir con un regaño a mí misma diciendo
“vamos, no seas nena”. Me quedo en silencio, pienso detenidamente lo que acabo
de hacer, y me decepciona saber que yo misma he saboteado el respeto hacia mi
propio género. ¿Qué significa “ser nena”? ¿Quién inventó ese término? ¿Y por
qué debe de tener una connotación negativa? Incontables veces he escuchado que
si alguien “corre como niña” o “llora como niña”, y yo misma he usado el típico
“pelea como niña” para hacer menos a una persona. Ser niña y hacer las cosas
como tal no debe ser algo de qué avergonzarse. Yo soy una niña, una mujer,
hablo y respiro como tal, corro, peleo y lloro como tal, y no debe ser usado
como una expresión peyorativa. Desde entonces cuido más mis palabras hacia
los demás, y hacia mí misma, evitando estos términos.
Poco tiempo después, hace dos fines de semana, para ser exactos, la temporada de calor empezó en la ciudad y por consecuencia yo saqué del clóset playeras sin mangas y shorts para no sufrir bajo el sol de León, Guanajuato. Ese mismo día sufrí del típico “adiós, mamacita” de más de un ciudadano, lo que me hizo reventar de rabia e impotencia, porque fue la enésima vez que me sucedió, y obviamente no ha sido la última. Lo he escrito y dicho un centenar de veces, y no sé si una más alcance a repercutir en las personas indicadas; no sé el resto de las mujeres, pero yo me siento exhausta de recibir esos comentarios, que fuera de hacerme sentir atractiva o halagada, me resultan humillantes y en exceso desagradables. Sigo pensando al respecto lo siguiente:
| Hablo, respiro, corro, peleo y lloro como niña. |
Poco tiempo después, hace dos fines de semana, para ser exactos, la temporada de calor empezó en la ciudad y por consecuencia yo saqué del clóset playeras sin mangas y shorts para no sufrir bajo el sol de León, Guanajuato. Ese mismo día sufrí del típico “adiós, mamacita” de más de un ciudadano, lo que me hizo reventar de rabia e impotencia, porque fue la enésima vez que me sucedió, y obviamente no ha sido la última. Lo he escrito y dicho un centenar de veces, y no sé si una más alcance a repercutir en las personas indicadas; no sé el resto de las mujeres, pero yo me siento exhausta de recibir esos comentarios, que fuera de hacerme sentir atractiva o halagada, me resultan humillantes y en exceso desagradables. Sigo pensando al respecto lo siguiente:
-
Mujer,
no te escondas. No cambies tu forma de vestir por temor a estos comentarios. No
eres tú quien debe esconderse, es el resto del mundo quien tiene que educarse.
-
Hombre,
no ofendas. Hacer comentarios con tono obsceno respecto al cuerpo de una mujer
es una total falta de respeto. Al hacer esto, invades mi privacidad, afectas mi
autoestima y amenazas mi confianza.
-
Madre,
educa a tus hijos. Tanto a los niños como a las niñas, a ser respetuosos y
darse a respetar.
-
Padre,
da el ejemplo. A tu hijo o a tu hija, del comportamiento que debemos tener en
conjunto como sociedad para tener equidad de género.
-
Todos
en general, démosle menos importancia al cuerpo humano. Es sólo cuerpo. Qué más
da si alguien muestra sus pectorales, tiene el abdomen plano o “una buena
delantera”. Es sólo cuerpo. No humillemos a nadie sólo por algún aspecto de su
físico.
Para terminar, les comparto una anécdota de hace ya un año:
Estábamos
Allen y yo en la Patagonia chilena, viviendo la libertad y felicidad plena en
medio del bosque de los Andes. Un amigo fue a visitarnos tras un largo viaje
desde la capital chilena, por lo que Allen muy consideradamente le preparó algo
de comer y se lo sirvió para que se lo llevara a su cabaña. Una semana después,
nuestro amigo, asumiendo que había sido yo quien cocinó y sirvió la comida para
él, me regaló un enorme chocolate diciendo: “Gracias, a la cocinera de la casa,
te lo mereces”, y se fue. Al escuchar esto, Allen se sintió ofendido porque
nuestro buen amigo no pensó si quiera en la posibilidad de que no hubiera sido
yo la que tuvo el gesto amable de la comida, y me preguntó:
¿Es
así como se siente cuando sufres de algún comentario machista?
Y tristemente, yo le respondí:
“Sí, y me pasa casi todos los días”.
Con esta anécdota me resta compartir que aunque muchas veces creemos comprender el problema social de la equidad de género, hasta que lo vives es cuando realmente te das cuenta que tenemos muchos paradigmas por romper para que seamos una sociedad más libre. Y que el alcance de estos paradigmas es tan grande, que hasta en el más íntimo rincón del planeta, ahí donde no hay carreteras, ni energía eléctrica ni señal de telecomunicación, incluso ahí los prejuicios de género están presentes.
Los
niños pueden vestir rosa y las niñas pueden ser lindas sin aretes. El cabello
corto o largo no nos hace ver mejor o peor. Los hombres pueden decidir no
trabajar para estar en casa sin ser “mantenidos”, sino padres de familia. Las
mujeres pueden jugar fútbol y andar sin maquillaje sin ser “machorras”. Para
vender más tu marca no necesitas espectaculares con fotos de mujeres
semidesnudas, y para tener gusto por la moda no debes ser amanerado.
Papá,
gracias, pero sí puedo cargar yo sola las cubetas de agua que echo al patio
cuando lavo.
Mamá,
el que ande o maneje sola no significa que me tenga que cuidar más, la
presencia de un hombre en mi vida no me hace ni más ni menos vulnerable.
Isabel,
Sofi, Sarah, haré lo que esté en mis manos para que puedan ser mujeres libres
en este mundo.
Allen,
gracias por siempre dejarme ser yo, sin roles ni estereotipos, sin tacones ni
maquillaje, con mis tenis y mi muro, y por mostrar ese mismo respeto hacia toda
mujer que existe en el planeta.
Y
ahora que tengo tres sobrinas en crecimiento, me pregunto yo ¿Qué valores le
estamos inculcando a nuestros niños?
Que
nos quede de tarea…

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